el prodigio de el agua
después de haber bebido de aquella agua ferruginosa ya iluminada la cueva y sabiendo que el agua procedía de las doce cabezas de hierro que vertían agua por sus doce bocas de hierro
noté como se me abría la mente y como si todo fuera dentro de mi más lúcido
el efecto de el agua sobre mi fue portentoso porque de pronto vi el sentido que tenía el hecho de encontrarme en la cueva
y sin saber cómo ni por qué me vi rodeado de estatuas de piedra que con sus ojos me miraban y con el dedo índice de su mano derecha también de piedra a punto indefinido señalaban
rafael carmona jiménez
publicado a las diez menos cuarto de la noche de el día nueve de el mes de marzo
y del año 2018
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