El Acantilado de cristal estaba inundado de color rojo.
Atardecer de Otoño.
En lo más alto del Acantilado había situado mi casa.Con objetos extraños que recogía de los frecuentes naufragios y libros,muchos libros algunos muy antiguos.Vivía sólo,acompañado de mis fantasías y mis sueños y mi habitual observación de todo lo que me rodea
Un Relámpago de Azucenas iluminó a lo lejos otro Acantilado y vi algo que antes no había observado.
En lo alto de aquel Acantilado veía las ruinas de algo así como un Castillo.A la mañana siguiente bajé de mi Acantilado y recorrí las playas que llegaban hasta él.
La Mar de un color negro-verdoso,se abría mostrando sus entrañas.
El Horizonte estaba lleno de gritos y las manos del Viento se cerraban sobre mi cuello.
La Oscuridad me rodeaba.
No obstante,subí al Acantilado y contemplé,con asombro,que había un Faro derruido y que debía ser muy Antiguo pues las piedras estaban llenas de gusanos.
En los alrededores del Faro había un campo inmenso lleno de osamentas humanas y animales.
¡NO SEPULTÉ LOS HUESOS¡.
Hice otra cosa.Con los huesos de los esqueletos construí otro Faro y con las Calaveras hice los Arcos y los cimientos con las tibias,peronés y las costillas entrecruzadas.
Con las falanges de los dedos hice una mano.
La mano tenía cinco dedos cuatro señalaban a los cuatro puntos cardinales y las falanges y falangetas del quinto dedo,el Pulgar indicaba al polo Norte.
En los Arrecifes habíán encallado desde hacía Siglos muchos Barcos.
El Faro que construí
do era muy alto,se abrazaba al Cielo.
Tocó de pronto una Campana,un Barco se aproximaba.
Cayó la Noche.
Cangrejos de Bronce trepaban por el Far.
Y de las ventanas que yo había construido con las Calaveras,salieron las Almas de los Muertos.
Y con sus ojos destelleantes iluminaron la Mar.
El Galeón lejano rodeó los arrecifes y no encalló.
Meses después volví
al Acantilado.
El Cielo era claro y Azul.
El Faro había desaparecido y los Arrecifes también.
RAFAEL CARMONA JIMENEZ.
Un Relámpago de Azucenas iluminó a lo lejos otro Acantilado y vi algo que antes no había observado.
En lo alto de aquel Acantilado veía las ruinas de algo así como un Castillo.A la mañana siguiente bajé de mi Acantilado y recorrí las playas que llegaban hasta él.
La Mar de un color negro-verdoso,se abría mostrando sus entrañas.
El Horizonte estaba lleno de gritos y las manos del Viento se cerraban sobre mi cuello.
La Oscuridad me rodeaba.
No obstante,subí al Acantilado y contemplé,con asombro,que había un Faro derruido y que debía ser muy Antiguo pues las piedras estaban llenas de gusanos.
En los alrededores del Faro había un campo inmenso lleno de osamentas humanas y animales.
¡NO SEPULTÉ LOS HUESOS¡.
Hice otra cosa.Con los huesos de los esqueletos construí otro Faro y con las Calaveras hice los Arcos y los cimientos con las tibias,peronés y las costillas entrecruzadas.
Con las falanges de los dedos hice una mano.
La mano tenía cinco dedos cuatro señalaban a los cuatro puntos cardinales y las falanges y falangetas del quinto dedo,el Pulgar indicaba al polo Norte.
En los Arrecifes habíán encallado desde hacía Siglos muchos Barcos.
El Faro que construí
do era muy alto,se abrazaba al Cielo.
Tocó de pronto una Campana,un Barco se aproximaba.
Cayó la Noche.
Cangrejos de Bronce trepaban por el Far.
Y de las ventanas que yo había construido con las Calaveras,salieron las Almas de los Muertos.
Y con sus ojos destelleantes iluminaron la Mar.
El Galeón lejano rodeó los arrecifes y no encalló.
Meses después volví
al Acantilado.
El Cielo era claro y Azul.
El Faro había desaparecido y los Arrecifes también.
RAFAEL CARMONA JIMENEZ.

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